Todos los días, incluso los más someros, leves e insustanciales, encierran una lección que el viviente asiduo puede coger. En este caso, a día de hoy, he aprendido que, dado que nuestro entorno y sistema actual vive de una lógica alternante producción-consumo, es cada día más evidente su abocamiento al fracaso.
Sea como fuere, uno de los efectos de las ruedas del sistema sobre el individuo, sin duda alguna, es el sesgo de su creatividad, el aplastamiento y aridez de la misma por la cotidianidad de los días, la rutina, y la falta de estímulos lanzados de tal forma que, de seguir la corriente generalista, el individuo termina por ser un definitivo miembro más del rebaño.
Así las cosas, a falta de creatividad, y sin la gasolina de la motivación, el individuo se sume en la depresión de su propia inutilidad, la ausencia de sentido de su existencia, y por ende, una tristeza orgánica que lo lleva, poco a poco, a caer por la duna de su propia desintegración.
Por ello, si uno no está centrado en este aspecto, potenciando su motivación y creatividad, termina siendo un hombre masa, cegado por los balidos del rebaño y buscando su propia comodidad dentro del grupo en base a los símbolos colectivos que más se acerquen a su escala de valores.
Esto he podido aprender. La motivación, la creatividad y el pensamiento lógico son obligaciones del individuo que quiere mantener sana y útil su propia forma de vida.