Cuando te has rendido en todas las batallas. Cuando no hablas con el corazón, porque ya no tienes. Cuando luchas como un diente de león, a merced del viento, bañado en las mareas, hundiéndose lentamente. Cuando las pilas de tu contador se han apagado, cuando no le queda arena a tu reloj. ¿Qué puedes hacer?
Donde la humildad se confunde con la desidia, y la desidia se casa con la resignación. Es en ese mar sin agua donde es más fácil perderte.
Si no hay nada por lo que luchar, o si no quieres luchar por nada. Cuando hay destellos de ilusión, que son espejismos en un desierto demasiado largo para quererlo recorrer. Cuando el laberinto de la vida parece no tener fin, y te lleva continuamente a pasillos sin salida.
Cuando no queda nada, en definitiva. Nada queda. Nada puedes hacer.
Donde la humildad se confunde con la desidia, y la desidia se casa con la resignación. Es en ese mar sin agua donde es más fácil perderte.
Si no hay nada por lo que luchar, o si no quieres luchar por nada. Cuando hay destellos de ilusión, que son espejismos en un desierto demasiado largo para quererlo recorrer. Cuando el laberinto de la vida parece no tener fin, y te lleva continuamente a pasillos sin salida.
Cuando no queda nada, en definitiva. Nada queda. Nada puedes hacer.